Sin palabras, cuando el silencio quema,
cavar, abolidas las magias que el orden persigue,
condenados al espejo de la indiferencia,
otro sálvese quien pueda que el barco se hunde,
absorto Dios, cavar la mismidad,
amontonar ceniza, los ritos húmedos, secos,
bitácora de los días perdidos
-y los calendarios escasean ahora-,
con la nostalgia de una larga curación.
Era pronto, siempre tarde, el abrazo imposible
del viento y la arena.
Era hoguera la creciente festiva del agua.